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Reflexiones del año de la pandemia

Ahora que 2020 está terminando, espero que hayamos aprendido lo que vino a enseñarnos y que pasemos el resto de la década viviendo de sus lecciones.

Volunteers distribute meals during Thanksgiving day in Washington, U.S., November 26, 2020. REUTERS/Hannah McKay
Volunteers distribute meals during Thanksgiving day in Washington, U.S., November 26, 2020. REUTERS/Hannah McKay

Echando la vista atrás a principios de 2020, percibo que, involuntariamente, la gente aceptó los cambios forzados por la covid-19 en sus vidas. Es difícil llamarle pandemia; es más una nueva fuerza que entró en juego, creando división entre nosotros y separándonos. En cierto modo, nos arrinconó y nos obligó a comportarnos de otra forma. Puede que no lo deseemos, al menos la mayoría de nosotros, no obstante, es una fuerza que desde arriba nos obliga.

Nos sentíamos libres, pero éramos esclavos de nuestro ego. Nos sentíamos con derechos, pero los usamos para privar los derechos de otros. Nos sentimos poderosos, pero sólo porque humillamos a los demás. Y al final, estábamos aterrorizados, pues si dejábamos de intimidar a otros, otros nos intimidarían. Me alegra que la covid-19 lo haya detenido y espero que nunca vuelva.

Michael Laitman

No me sorprende que el virus haya hecho esto. Cuando empezó, dije de inmediato que era el comienzo de algo nuevo que estaría con nosotros en adelante. En consecuencia, sugerí que adaptáramos nuestra vida a esta realidad. No creo que debamos volver a la forma en que vivíamos, pues era insostenible y de hecho, facilitó la aparición del coronavirus. Si tuviera algo que decir al respecto, diría lo contrario: quiero que la covid-19 nos presione hasta el punto en que nos rindamos y aceptemos cambiar nuestro corazón hacia el otro; la otra opción es dejar que el virus siga separándonos como lo ha hecho.

El mundo anterior a la covid-19 era un manicomio: gente corriendo sin rumbo fijo, luchando furiosamente, compitiendo por superioridad y poder y cada vez más deprimida. La pandemia detuvo todo eso, porque cambió la forma en la que trabajamos, la forma en que socializamos y la forma en que tratamos a nuestra familia. Cambió nuestros valores y estoy feliz de que lo haya hecho, porque lo anterior no nos hizo ningún bien.

Nos sentíamos libres, pero éramos esclavos de nuestro ego. Nos sentíamos con derechos, pero los usamos para privar los derechos de otros. Nos sentimos poderosos, pero sólo porque humillamos a los demás. Y al final, estábamos aterrorizados, pues si dejábamos de intimidar a otros, otros nos intimidarían. Me alegra que la covid-19 lo haya detenido y espero que nunca vuelva.

Ahora es el momento de encontrar la verdadera libertad, la libertad de dar, apoyar y dejar espacio para los demás. Es libertad para construir una sociedad de compartir y cuidar, de solidaridad y cohesión, de responsabilidad mutua y confianza en nuestros vecinos. Es hora de construir un mundo nuevo.

Ahora que 2020 está terminando, espero que hayamos aprendido lo que vino a enseñarnos y que pasemos el resto de la década viviendo de sus lecciones.

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